Horacio Lobos Luna: SEGUNDA PARTE: LA CALETA DE LOS SUEÑOS PERDIDOS

SEGUNDA PARTE: LA CALETA DE LOS SUEÑOS PERDIDOS


Las olas dejaron de reventar como carcajadas para mostrarnos la mueca del dolor, sus espumas fueron dientes y babas, y su rumor pasó a ser u lamento perpetuo. Hasta las gaviotas aprendieron a llorar sobre ese mar de lágrimas. Los veleros empezaron a navegar más lento y con cuidado. Había demasiados sueños ahogados ahí y ellos se cuidaban para no despertarlos.

Patricio Fernández,
Paz a las olas de buena voluntad,
(The Clinic, Editorial, Año 3, Nº 42.)


― ¿DÓNDE dijiste que encontraste los papeles?
― Atrás del altar de la Virgen. Estaban envueltos en un pedazo de cuero viejo. ¿Los recuperaste?
― Sí.
― ¿Los leíste?
― ... sí.
― ¿Y?
― ¿Y qué?
― ¿Qué te parecieron?
― No sé... Parece un chiste.
― Un chiste que da miedo, ¿cierto?
― ...
― ¿Tu abuela nunca te dijo nada?
― No la vimos más después que nos fuimos. De vez en cuando nos comunicábamos con ella por teléfono, cuando se podía. Nos escribía y todo, pero... Yo me fui a la Universidad y de ahí a trabajar. Tenía noticias de ella por mis papás, cuando iba a verlos o los llamaba... Nunca dijeron nada de esto... Además, ella no tenía porqué decirles, ¿para qué?
― Sí... Pero tú sabías lo que tu abuela era para los carrizalinos, ¿no?
― Tengo pocos recuerdos... Al menos, eso creía...
― ¿Por qué? ¿Qué recordaste?
― No sé si es un recuerdo. Es más bien como un sueño. Muy distorsionado, poco claro. ¿Te ha pasado? Sueño que estoy dormido o con los ojos cerrados. Escucho gritos, lamentos y voces, como con eco. También huelo cosas, sobre todo eso. Trato de abrir los ojos, pero no puedo, y los gritos... Son enredados, dicen cosas que no entiendo, aunque ahora... no sé...
― ¿Qué dicen?
― Gritan advertencias: los niños, salven a los niños, recemos, cosas así. Y llantos, el llanto como de dos niños... y también un nombre, creo: Matilde, o no sé...
― Matilda.
― ¿Ah?
― Matilda Farías. Murió también esa noche...
― ¿Qué noche?
― Ella, su marido... y los mellizos.
― ¿Qué noche?
― En la puerta de la iglesia. No alcanzaron a entrar. Tu abuela y mi mamá estaban adentro, con los demás.
― ¿De qué mierda...? Se te está pegando lo de esta gente o te hizo mal el trago que te tomaste. No sé que les pasa a todos por aquí. Desde que llegué no han sido más que puras... No sé.
― Sí sabes. Yo sé... Los que estábamos esa noche, los que aún están en la Caleta, también saben.
― Bueno, pero qué chucha es lo que se supone que todos sabemos, si no es mucha la molestia.
― Que tu sueño no es un sueño. Es un recuerdo. Estabas dentro de la iglesia, la misma noche en que pasó todo... Estabas en la iglesia...
― ... el olor en mi sueño...
― ¿Lo reconociste, cierto? La otra noche que estuvimos ahí buscando al mendigo... El olor.
― ... tengo que...
― Ya, deja de hacerte el asmático cada vez que empiezas a acordarte de algo, por favor...
― Claro, como no son tus pulmones los que se llenan de porquería. No sé qué bendito milagro me puso esta nariz en la cara, por la...
― El mismo que me puso a mí vocecitas en la cabeza, o donde sea...
― Pero por qué no me acuerdo de nada... Aunque como se ven las cosas, parece que es mejor la amnesia... No sé cómo puedes recordar lo que sea que haya pasado y dormir tranquilo. Yo apenas puedo con el horror que huelo en mi sueño. ¿Cómo será acordarse de todo?
― Ni te cuento... Si no fuera por mi fe...
― Escondido abajo de la sotana. ¿Por eso te hiciste cura?
― ¿Qué manía te agarró por saber porqué me hice cura? Por lo menos no me hago el desmemoriado...
― No es mi culpa no acordarme de nada de esa famosa noche de mierda tuya... ¿Acaso es culpa mía? Ni siquiera estoy seguro de haber estado ahí. Esas son suposiciones tuyas.
― ¿Es de lo único que te acuerdas?
― ...
― ¿Qué? ¿Te da miedo hacer memoria?
― ¡¿Por qué no me dejas de huevear?! ¡¿Qué afán...?!
― ¡Cállate! No te pongas cuático. La gente de la otra mesa está mirando.
― ¿Bah?
― Estás peor que mi hermano.
― Y tú peor que Carlos Pinto en ese programita...
― Sin ofender, por favor...
― ¿Que los curas del Vaticano ven también tele?
― No todo puede ser cultura y teología... Hay que ver algo mundano y de mala calidad de vez en cuando.
― Salud por eso.
― Córtala. Se te está pasando la mano.
― Estoy tratando de que los recuerdos vuelvan a mí, ¿no ves?
― ¿Y? ¿Te volvieron?
― Algo...
― ¿Algún otro sueñito?
― Sí, fíjate... Parece que esta es La Caleta de los Sueños Perdidos. Todos resultan ser realidad.
― ¿Y qué sueñas, si no es mucha la indiscreción?
― No tengo ganas. Pídete otro traguito. Está haciendo mucho frío aquí.
― Claro, ahora lo único que falta es que te caigas en la botella y te vuelvas alcohólico...
― Es mejor que volverse loco. Ya, pídeme otra.