domingo 28 de agosto de 2011

LA MARCHA


¡Abran paso a los que vienen,
a los Heraldos del Porvenir y la Esperanza!
Que ninguna barrera sesgue su marcha
por las calles y la rutas que yacen dormidas.
Véanlos subir desde los profundos abismos
donde la memoria dio su último
alarido antes de caer cercenada para siempre.
Véanlos traer el fuego que arde
con la flama de una vida que dimos por muerta.
¿No ven sus ojos abiertos sobre una tierra
madrastra de ciegos y tuertos?
¿No ven sus manos abiertas donde
unos puños nos habían machacado el pecho?
¿No oyen sus corazones insuflando
una ráfaga ardiente en la fría noche
en que naufragamos más allá
de la espera y el recuerdo?

¡Abran paso a los que vienen,
a los Heraldos del Porvenir y la Esperanza!
Que no quede piedra sobre piedra
que resista bajo sus gritos y sus cantos.
Corran a la calle desde el niño al viejo,
dejénlos pasar frente a cada puerta,
bajo cada techo.
Que el tiempo de la alborada
viene tras ellos, despeinada
y retrasada para la cita
de los que ya caminan hacia el sol
sin permiso ni freno.
¡Ay de los que les forjen cadenas!
¡Ay de los que les quiebren los huesos!
Que la sangre derramada aullará
como río que se despeña
desde los arcos mismos del cielo:
“¡JUSTICIA!”, “¡DIGNIDAD!”, “¡PUEBLO!”

¡Abran paso a los que vienen,
a los Heraldos del Porvenir y la Esperanza!

martes 21 de junio de 2011

¿SERÁ HOY?


Hubo una vez un hermoso lugar en el confín de la tierra, se dice que en el último rincón del mundo, pero también podría ser en el principio de él; eso depende del punto de vista. Conectada con la naturaleza, vivía gente feliz, y a veces no tanto, pero vivía con la tierra y sus habitantes. Hasta que llegaron hombres extraños a decirles que debían pagar por lo que tenían porque, según una nueva ley creada por ellos, eso ya nos les pertenecía. Así, estos nuevos habitantes fundaron ciudades y construyeron otro país sobre aquel antiguo, olvidándose de la existencia de los primeros; llegaron a pensar incluso que ya habían desaparecido. Pero pronto empezaron a notar que en las calles, en los arrabales, en los lugares más insospechados y oscuros, aparecía más y más gente con ciertos aires de la antigua raza. Asustados de que el antiguo orden volviera, y todo fuera para todos, como antes, decidieron crear lugares donde instruir a esta generación de rezagados del mundo antiguo.
Entonces los llevaron a lugares donde olvidaran quiénes y cómo habían sido, pero donde recordaran siempre quiénes debían ser, qué leyes debían obedecer, y qué debían temer si no las obedecían. También les enseñaron qué pensar, qué no, y cómo debían hacerlo; les indicaron qué debían decir, cómo decirlo, e incluso cómo debían actuar. A esto le llamaron “el deber”, y a la forma de aprenderlo, “educación”.
Generación tras generación los fueron instruyendo, cuidadosamente, usando la ley como fuente de temor y amenaza, incluso como fuente de vergüenza para quien no la cumpliera. Y era natural, porque de vez en cuando, alguien recordaba una de las antiguas enseñanzas y enseñaba a otros, usando estos mismos lugares para comunicar sus descubrimientos. A estos se los perseguía y encarcelaba, hasta que ya nadie los recordaba, y si alguno lo hacía, era en forma de una borrosa memoria asociada a la violencia, anarquía y al terror de la vuelta al caos.
Los siglos han pasado, las eras se han consumido y las generaciones han desfilado unas detrás de otras. Nada ha cambiado mucho desde entonces, aunque mirando sólo la superficie del mundo pareciera que todo lo ha hecho, porque así lo demuestran los que enseñan el deber y lo que debe y no debe ser.
Bajo el implacable rumor de los siglos, el antiguo pueblo dormido aguarda y espera su día para despertar y regresar. Y cada ciertos decenios, al escuchar el bullicio de gente que avanza por las calles, en contra del designio del deber y la ley, y el grito de horror de los “bien enseñados”, más de alguno vuelve a preguntarse: ¿será hoy?

domingo 5 de junio de 2011

GOLEM


La negra noche ruge, y en el magro recinto, el científico aguarda para activar la colosal máquina y traerlo a la vida. Un feroz rayo destella afuera, y baja la palanca. Púas eléctricas fluyen de las vastas bujías al atroz bulto en la mesa. Uno, dos choques, y el científico brama: “¡Levántate y anda!”. Un ojo verdiacuoso se abre, lento: ve formas grises, rotas, disecadas, fetos en jugos ámbar, los ojos de su creador, y de un tirón cercena el cable que lo une a la vida.

sábado 30 de abril de 2011

PARÁFRASIS POR GONZALO ROJAS


¿Qué amaste cuando amaste, poeta,
en la breve espesura del tiempo
abierto sobre la palabra y el cuerpo?
¿Qué tersuras, qué voluptuosos
racimos de antiguos huertos
escanciados en inmortales mieles y vinos?
¿Qué amó tu boca sobre la rugosa
piel del mundo?

¿Acaso la salobre roca del abrasador desierto?
¿Acaso el portentoso rugir del mar en los puertos?
¿Acaso la vida entregada en grupas olorosas?
¿Acaso la muerte delirante del amor que se goza?

¿Qué amaste cuando amaste, poeta,
en la brecha puesta entre la luz y la sombra?
¿Dónde bebiste la preciada ambrosía
de los altivos dioses de la muerte y la vida?
¿Quién te cedió la palabra, cual tea
que arrasa como furiosa Gorgona
los dinteles de mi alma,
los pilares de mi casa?

¿Acaso en la fragua en que el travieso niño
blandió sus terribles flechas contra
la estremecida voz de Ovidio?
¿Acaso en el canto de Horacio
vencedor de la postrera ilusión
de la fugacidad y el olvido?

¿Qué amaste cuando amaste, poeta,
en el placer de las horas,
en el dolor de tu pueblo?
¿Qué cantaste, en el segundo
en que fuiste finito y eterno?

lunes 25 de abril de 2011

ADVERTENCIA

Honestísimo texto poético de JENNY JOSEPH (no tengo aún el honor de conocerla, en consecuencia con la honestidad).  El texto lo encontré, en inglés, dentro del curso de inglés que sigo.  Así lo traduje y puede que lo haya matado, pero grafica bastante nuestro futuro insoslayable, o tal vez sólo el mío.



Cuando sea una anciana vestiré de púrpura
con un sombrero rojo que no combina y no me queda,
y gastaré mi pensión en brandy y guantes de verano
y sandalias de satín, y diré que no tengo dinero para mantequilla.
Me sentaré en el pavimento cuando esté cansada
y engulliré muestras en las tiendas y presionaré alarmas
y pasaré mi bastón por los pasamanos públicos
y me maquillaré por la sobriedad de mi juventud.
Saldré con zapatillas en la lluvia
y cogeré flores de jardines ajenos
y aprenderé a escupir.

Se puede vestir camisetas horribles y engordar más aún
y comer tres libras de salchichas de una sentada
o sólo pan y pepinillos durante una semana
y atesorar bolígrafos y lápices y posavasos y cosas en cajas.

Por ahora debemos tener ropas que nos mantengan secos
y pagar nuestra renta y no maldecir en las calles
y ser un buen ejemplo para los niños.
Así tendremos amigos con quien cenar y leer los periódicos.

Pero tal vez debiera practicar un poco ahora, ¿no?
Así la gente que conozco no estará tan choqueada y sorprendida
cuando repentinamente sea una anciana y vista de púrpura.

Jenny Joseph

lunes 14 de marzo de 2011

BOLETÍN DE ÚLTIMO MINUTO


He perdido la capacidad de escribir. Esto que hago es un ejercicio mecánico, un traspasar ideas de mi mente hacia mis dedos, que se mueven componiendo figuras tipográficas, con la esperanza de abrir la bruma de la realidad y sus profundos vericuetos sobre una hoja de papel. Lo que realmente hago, en cambio, es repetir clichés sin remedio, como “la bruma de la realidad”, “profundos vericuetos”, y hablar de hojas de papel cuando en realidad ya ni siquiera las uso para escribir. Más bien para imprimir, y eso. Luego viene toda esta intemperie a la que expone el repetirse sin remedio hasta la nausea. “Hasta la nausea”, otro cliché literario. Y el cliché del cliché, claro está. Entonces lo único que queda es hablar de uno mismo, y de eso mismo que es uno queriendo ser lo que no es. No. No era así. Pero la idea es esa, como decía El Chapulín. La repetición. El repertorio deteriorado de la lengua, de sus insoportables lugares comunes.
Pero eso es una excusa, en realidad. Es la excusa del que ha perdido la capacidad de escribir. Y hay que ser categórico y honesto, puestos a ello. “Puestos a ello”, muy castizo y lingüísticamente correcto, volúmenes enteros de puestos a ello. Ahora los uso más, los casticismos (aunque no estoy ni siquiera seguro de si ese es el término en este caso), y redacto mejor que años atrás, aunque antes escribía mejor que ahora. Antes “la bruma de la realidad” se abría, a pesar de la gramática imperfecta. Quizás, incluso, gracias a ella, precisamente. No ponía tantas comas, por ejemplo. En cambio, ahora, coma esto, coma lo otro. Un relojito de corrección. Y sin embargo, de escribir, así como quién dice escribir, nada.
Ni siquiera son los lugares comunes, la verdad sea dicha (“sea dicha la verdad”, otra opción, o “en verdad, en verdad os digo”, si no sonara tan fósil), sino la incapacidad de rescribirlos. Toda lengua no tiene más que un número limitado de vocablos y posibilidades de combinación, y si a eso sumamos el estrecho horizonte cultural que nos toca a cada cual, habría que ser más que un Mandrake el Mago para sacar del sombrero otra criatura que no fuera un conejo, o algo que, al menos, se le pareciera. Sacar otra cosa, un pene, por ejemplo, sería extraño, aunque causaría el efecto deseado, un impactante sentimiento de “novedad”, que finalmente vendría a ser el pariente pobre, pobrísimo, por prostituido, de la creatividad, que es donde radica toda creación, y también el escribir. Y, (coma) por supuesto (coma), el pene viene a ser la figura puesta a pedir de boca (olé), porque representaría el recurso desesperado (cambiar un conejo, lugar común, por un pene, lugar supuestamente “novedoso”, en contexto) de quien ha reconocido su fracaso creativo. Luego vienen las vaginas, y ahí está “Monólogos de la vagina” para muestra. Mientras más vaginas y penes, mejor, y que siga la función. Hay que llenar el vacío. Por eso la pornografía ha florecido en circunstancias como esta en nuestra cultura. Ni siquiera la pornografía, lugar común precioso del arte, cuando el arte la rescribe, sino la pornografía de la pornografía misma.
Por eso, no les digo adiós, amigos. Les digo chuto. Y que la indecencia les valga.

martes 1 de febrero de 2011